Usuario: Juanfer
Fecha de publicación: 02.01.2012
Está claro no ya que Williams pertenezca a otra liga de compositores del más alto nivel en la música cinematográfica. Esta esta obra está ya en el podium de las composiciones del año 2011. Sin embargo el 'valor añadido' que viene a mostrar esta obra es la de una generación de compositores ya extinguida y enterrada (alguno de ellos vivos como Poledouris).
Y no es que esta obra sea el exponente más claro de la época dorada de la composición cinematográfica. Por ejemplo no existe un tema principal como tal para nuestro héroe, por lo que la identificación y recuerdo posteriores son más difíciles (dato a tener en cuenta). Pero si hay algo que lo diferencie del resto de compositores en activo, es la manera en que se entiende el oficio de compositor para cine. Por ello este álbum es de escucha obligada para los veteranos del lugar.
John Williams (desgraciadamente en una de sus últimas composiciones) parece pegar un toque de atención a la nueva generación de compositores sobre el uso de los temas principales, que parecen haberse convertido en 'el todo' de una partitura de cine contemporánea, e instalándose en una dejadez abdosluta de estos por la música más incidental y narrativa (que es la que acaba vehiculando el relato). Cualquier tema de acción de esta banda sonora, que son mayoría, serviría de ejemplo para darse cuenta del cuidado y mimo del compositor por cada sección de la orquesta y más aún, por cada instrumento.
Encontraremos referencias a obras como Indiana Jones o Atrapame si puedes, elaborando sin embargo un nuevo tapiz. Sin entrar en un buen puñado de leitmotivs principales y de calidad (Snowy's, Haddok...) es imposible no retrotraer la imaginación incluso con motivos secundarios como el que suena en '' Red Rackham's Curse And The Treasure'' , de 5:38-final.
Esperemos que a la música cinematográfica no se la deje morir por los patrones de producción cinematográfica en un proceso de mercantilización total de la música, donde el ejemplo más claro y criticado es Hans Zimmer, pero que hasta el último Doyle desearía hacer una mala imitación suya.
En una época donde los compositores (tanto buenos como malos) devuelven la nula confianza depositada en ellos por los responsables del film (y en la cual el director ha ido perdiendo paulatinamente su poder en las últimas dos décadas), escuchar una música compuesta con delicadeza e inteligencia se convierte en un auténtico lujo independientemente de los premios que coseche.
Responder