Un hombre y su hija viven en un pueblo y su vida se verá profundamente afectada cuando descubren que cerca de su casa se va a construir un glamouroso camping para que los habitantes de la ciudad hagan escapadas cómodas a la naturaleza.
Reseña de Javier González:
Es difícil entender la banda sonora sin conocer el inusual origen de este proyecto, ya que la música fue el germen que impulsó e inspiró la película. Eiko Ishibashi contactó con Hamaguchi para que dirigiera una película muda que acompañara a su nueva composición. El resultado fue el espectáculo musical y audiovisual llamado “Gift”. Es durante el rodaje en una zona rural de montaña cercana a Tokio (donde vive la compositora) cuando el director decide escribir un guión para una película de ficción añadiendo diálogos y desarrollando la historia, pero siempre manteniendo la música inicial de Ishibashi. Es por tanto una película concebida a partir de la música original y no al revés, como es lo habitual. Es una propuesta experimental y conceptual más cercana a lo sensorial de una performance artística que al desarrollo narrativo de una banda sonora convencional.
La música, de estilo minimalista y con pinceladas de jazz, contribuye al ritmo lento y contemplativo de la película. En el primer acto se establece una conexión musical entre la belleza del paisaje y la vida cotidiana del protagonista y su hija, donde la música aporta también detalles oscuros e inquietantes alertando de los peligros de la naturaleza. Son varias las ocasiones que la música es silenciada bruscamente en mitad de los temas, generando turbación y desconcierto. El segundo acto de la película comienza con la estupenda secuencia de la reunión de los representantes del glamping con los habitantes del pueblo (17 minutos de exquisitos diálogos e interpretaciones que no necesitan música ninguna para explicarse). A partir de aquí, el peso de la historia se traslada a los representantes y la trama viaja a Tokio, pero la música no viaja con ellos, permaneciendo en el espacio rural del pueblo y la naturaleza, dejando en silencio musical el frío mundo empresarial de la ciudad. Esta decisión de dejar todo el segundo acto (¡50 minutos!) sin música, es posiblemente la decisión más interesante de toda la banda sonora. Cuando los urbanitas de la agencia vuelven al pueblo y comienzan a involucrarse en la vida rural, la música vuelve a posicionarse en primer plano y seguirá así hasta el desconcertante final de la historia.
Esta es una banda sonora que, como la inesperada resolución de la película, apenas se explica, es más de interrogantes que de respuestas y está abierta a interpretaciones. Hamaguchi ha reconocido que “El mal no existe” está muy influenciada por El espíritu de la colmena (73), pero ciertamente la banda sonora está lejos de la profundidad y el significado de la música de Luis de Pablo para la obra maestra de Víctor Erice.