Partitura que fue rechazada y sustituida por otra -considerablemente menor- de Howard Shore. El compositor aplicó música de gran intensidad dramática (con uso excelente de voz femenina), de gran fuerza en sus temas y, naturalmente, recurrió a música celta pero no solo con fines ambientales. La suya es una partitura elaborada, extensa, por momentos de extraordinaria solvencia, aunque en otras peca por cierto histrionismo, algo por lo demás característico en su obra. Se incluye, junto con otras bandas sonoras, en el recopilatorio Elmer Bernstein: the Unused Scores (08).
