El compositor aplica una partitura que es sustancialmente de acompañamiento secuencial, donde va enfatizando o remarcando los distintos momentos del filme, sin entrar en descripciones de personajes (salvo algunas emociones muy básicas) o con algún tipo de construcción narrativa. No hay referencia alguna -o al menos lo suficientemente sólida- a la influencia en Hitchcock de Bernard Herrmann, cuya música y espíritu quedan marginados. Tampoco hay una música que ayude a comprender o profundice en la compleja personalidad del director, quedando todo muy superficial, perfectamente obviable y limitándose a seguir a acción. El resultado es, por poco interesante y deslucido, pobre.

