Documental sobre el ecosistema en el mar Cantábrico, desde las aguas costeras hasta las grandes profundidades.
El compositor firma una extensa, elegante y refinada creación que se acerca más a los postulados de Bruno Coulais (entre otros autores) en el género documental que no a tantas músicas de excelente producción musical pero despersonalizadas, como las recientes de la BBC o de National Geographic. A diferencia de estas, no hay tanto la pretensión de explicar lo que ya el documental explica sino la de observar y celebrar aquello que se muestra, siendo la música una proclama de admiración y respeto y sirviendo como factor inmersivo. Tampoco -como muchos de aquellos- pretende impresionar, pero lo logra más por la sugestión que por la imposición musical. Hay, además, un claro elemento orgánico (más vasco que cántabro, asturiano o gallego, eso sí) que se sustancia en una bellísima canción pero también en diversos pasajes que convierten al mar en tierra, en una extensión de ella y en un sentido de pertenencia. Además, el documental, como aquellos de Coulais o los de Philip Glass, consigue que la música sea parte indisociable de la cámara, que van a la par, pues las sensaciones que se captan visualmente son recogidas musicalmente. Joseba Beristain logra que este viaje sea atractivo, plácido e hipnótico, haciendo cine a la vez que arte, lo que no siempre va de la mano en la música para los documentales.