El compositor da un paso adelante con respecto a la anterior y ofrece la banda sonora más sombría y dramática de la saga, en la que mantiene las características ya expuestas (como la referencia oriental) e incrementa el tono sombrío, casi siniestro. Se incluye, junto con otras bandas sonoras, en el recopilatorio The Karate Kid I-II-III-IV (07).

