Para este drama, el compositor se decantó por contrastar la egoísta frivolidad de la protagonista con la pasión desesperada que provocaba en los hombres. Escribió un dinámico vals que aunaba belleza con tragedia, de modo que en su música se destacaba una fatalidad muy expresiva. También se ocupó de incidir en la profunda carga de tristeza y desolación, que logró con el uso de un desgarrador violín solista apoyado con el sello personal del volcánico autor húngaro.
