Esta es una película muy ambiciosa que recrea el devastador incendio de la catedral parisina planteándolo como una experiencia inmersiva para la audiencia (está rodada para IMAX), y la música del compositor es uno de los elementos principales en ese objetivo, por lo mucho que tiene de implicación -y condicionamiento- emocional. Junto al impresionante diseño de producción, la música se implica y amplifica el peligro constante, la presión psicológica por el fuego, el aire irrespirable del humo y la tensión de los bomberos. Todo ello de modo excesivo: hay momentos en los que los efectos sonoros habrían tenido -en caso de haberles dejado espacio en la competición sonora- un mayor impacto dramático que la música, que es casi omnipresente y ciertamente invasiva. Cuenta con un bellísimo tema principal, lírico y también heroico, que es muy expresivo, claramente horneriano.
