Esta banda sonora supone el regreso, en cierta manera, al Elfman más estrambótico y desenfrenado, también más divertido. Es una creación deliberadamente excesiva y aparentemente caótica, pero perfectamente estructurada en derredor de un poderoso tema principal sinfónico del que saca máximo partido, complementado por temas en similar línea para darle al conjunto un aire gótico, amplio, que en momentos tiene tonos macabros y en otros humorísticos, cambiando sus colores de modo muy natural y añadiendo además elementos líricos bellos y relajados, con un notable tema central que se contrasta vivamente con el principal, si bien éste no es contratema. El uso del theremín es destacado y en su conjunto es un festín musical muy bien ejecutado.


