El relato de Ernest Hemingway sobre un testarudo pescador mexicano empeñado en llegar a la costa con un magnífico pez espada y su lucha con sus peores enemigos: los tiburones.
Al tratarse de una película desarrollada en su práctica totalidad en alta mar, sin otros diálogos que los monólogos del protagonista, hubo mucho espacio para la música, que el compositor aprovechó para escribir una amplia y variada partitura con la que hacer una descripción sonora de cuanto acontecía. El compositor remarcó con elegancia y belleza la soledad del personaje, intensificó contundentemente los momentos de mayor riesgo y aportó un elegante sentido de humor con melodías de inspiración mexicana.