Hoy llega a las salas de los cines Avatar: Fire and Ash (25) y hoy regresa también a las pantallas grandes el inmenso James Horner, con Simon Franglen actuando de medium... y es que su voz aún tan viva resuena en la película de James Cameron pero sobre todo se espera, se desea, se celebra. No hay demérito en lo que suma Franglen, compositor talentoso y competente, que además ha creado para la trilogía algunos de los temas más memorables del cine USA contemporáneo. pero Horner dejó legado y dejó huella, pero sobre todo mostró y demostró que hay compositores cuya personalidad y obra han quedado grabadas en oro en las películas y en la memoria de generaciones. No fue solo él, claro, sino muchísimos que han dejado legado, huella y memoria: Steiner, North, Mancini, Legrand, Morricone, Rota, Goldsmith... citando solo a compositores muertos pero cuyas músicas siguen y van a seguir vivas por generaciones. ¡Qué afortunado ha sido el Séptimo Arte con ellos!
Dicen que nadie muere realmente hasta que desaparece la última persona que le recuerda, y James Horner no solo vive aún porque seamos miles los que le recordamos sino porque cuando el cine lo revive es el propio cine el que revive con él. Y es una gozada verle reaparecer -con Franglen como medium- en Avatar: Fire and Ash, película que aunque a mí -y solo hablo por mí- me resulta absolutamente tediosa en sus dos primeras horas y espectacular en su último tercio, impacta emocionalmente cuando su música (especialmente el entrañable parabará) ocupa todo el espacio sonoro.
Horner fue un cineasta de primera categoría, capaz de crear apabullantes músicas sinfónicas y delicadas melodías, y varias de sus obras merecen figurar en cualquier lista de las mejores bandas sonoras de la Historia del Cine. En ellas imprimió su firma personal, autorizada y con autoridad, en un entorno -el hollywoodiense- donde el valor de la firma contabiliza cada vez menos. Puede que Horner, compositor tan personal y artesanal, sea olvidado por la industria pues no ha generado escuela: nadie hace la música como él y a nadie se le pide que haga la música como él la hacía con la sola excepción, eso sí, de un Franglen a quien hasta Jean-Jacques Annaud le pidió resucitarle (en Notre-Dame brûle), como había hecho Fellini con otros compositores tras la muerte de Rota. En todo caso, tiempo atrás me comentó un compositor relevante que en Hollywood hay gente de la industria que no sabe quién es Jerry Goldsmith y me temo que el destino de Horner sea el mismo. Que suceda con los compositores industriales, los que participan gustosa o forzadamente en el The Imitation Game, es normal pues nada de eso se mantendrá con el tiempo, pero la condena al olvido de quienes tanto hicieron por el cine es dolorosa y desde luego injusta. Por eso es tan bonito que el aura, el recuerdo del compositor se presencie en aquellos títulos nuevos conectados con títulos viejos por los que fue tan querido. Es un modo mas de que siga con vida. Horner siempre es esperado.

