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TIEMPOS DE RENOVACIÓN (VI): RASTROS DE PRESTIGIO

27/09/2022 | Por: Conrado Xalabarder
HISTORIA

Capítulo anterior: Tiempos de Renovación (V): Goldsmith, Jarre y Bernstein, euforia y decadencia

Compositores veteranos no lo tuvieron tan complicado y en los ochenta se les conocieron creaciones que cimentaron sus nombres. Para Dave Grusin esta fue una muy buena época: tras haber ofrecido muestras de su variado registro en los setenta, abordaba en estos años una obra más completa en filmes de mayor relevancia. Para On Golden Pond (81) escribió un distinguido y apacible tema al piano, incrementando la sensación de calma que caracterizaba el largometraje. Luego siguió una nueva colaboración con Sydney Pollack, en la comedia Tootsie (82), donde empleó temas dinámicos, melódicos y de influencia jazzística, y estupendas canciones suyas. El sentido romántico de su música se hizo expresivo en Falling in Love (84), remake del filme de David Lean Brief Encounter (46) en la que por insistencia del director, Ulu Grosbard, incluyó un rítmico tema que había escrito en 1979 y que se aplicó en secuencias de tránsito en el filme, junto a un bello tema de amor. El compositor dio pruebas de su habilidad sinfónica en The Goonies (85), película de aventuras infantiles con una partitura de aire clásico, y evidenció su versatilidad estilística con cálidas melodías mexicanas en The Milagro Beanfield War (88), y con su elegante empleo del jazz en The Fabulous Baker Boys (89), aplicado junto a temas de corte romántico.

Lalo Schifrin, por su parte, tuvo una presencia más discreta en los ochenta, pero en su filmografía se sumaron títulos y partituras interesantes, como Brubaker (80), drama carcelario en el que aplicó música folk y sureña con fines ambientales pero también dramáticos, así como La pelle (81) o los thriller The Osterman Weekend (83) Sudden Impact (83) y The Fourth Protocol (87), en los que mantuvo la línea estilística de sus anteriores películas policíacas, con música dinámica y ocasional recurso al jazz. En España, trabajó con Ricardo Franco en Berlin Blues (88), con una cálida partitura.

De Marvin Hamlisch quedó para el recuerdo una gran creación, la que escribió para el extremo drama Sophie’s Choice (82), con una hermosa partitura que giraba en torno a un destacado tema romántico. Bill Conti, por su parte, fue más prolífico. Arropado por el éxito, en la década anterior, de Rocky (76), trabajó en sus secuelas, pero también en las surgidas a partir de The Karate Kid (84), otra película muy comercial. Con John Cassavetes colaboró en Gloria (80), imponente partitura con una cálida presencia activa del saxo que acompañaba las desventuras de una mujer que huía de la Mafia. Conti la elegiría como la banda sonora favorita de cuantas hizo, pero apenas tuvo repercusión. Mayor suerte tuvo con su participación en la saga de James Bond, For Your Eyes Only (81) y con la épica The Right Stuff (83), de Philip Kaufman, sobre las peripecias y esfuerzos de un grupo de pilotos por romper la barrera del sonido. La suya fue una partitura sinfónica y espectacular, inspirada en muchos de sus pasajes en Los Planetas de Holst, y que otorgó grandilocuencia a toda la película. También escribió la música del filme Escape to Victory (81), de imponente tema principal, eje sobre el que giró el resto de su creación, destinada a ensalzar el riesgo y la heroicidad de los protagonistas. Ese tema estuvo inspirado en uno de los movimientos de la sinfonía Stalingrado, de Dmitri Shostakovich. Fue notable, en un sentido distinto, con el tema principal a modo de jocosa sintonía de Broadcast News (87), película sobre el mundo de la televisión cuya música se hizo popular.

El italiano Pino Donaggio alternó películas norteamericanas con cine europeo, destacando por dos filmes de Liliana Cavani: Oltre la porta (82) y The Berlin Affair (85), pero sobresalió por títulos de terror como The Howling (80) o por sus nuevas colaboraciones con Brian De Palma. La primera en los ochenta fue Dressed to Kill (80), donde en contra de lo que sería lógico escribió una bellísima partitura en la que aderezó la película con sensualidad y candidez, gracias a melodías melancólicas o eróticas, como la ducha de Angie Dickinson. Luego hicieron Blow Out (81), donde combinó música de intriga -algo convencional- con temas románticos hermosos y afligidos, destacando su tema principal, que evolucionó a lo largo del filme hasta llegar a un final dramático. En tercer lugar, en esta década De Palma y Donaggio se unieron para Body Double (84), en la que evocó en buena medida las músicas de Herrmann para Hitchcock en lo concerniente a la recreación melódica del suspense, pero que también derivó por cauces sensuales, con un tema rítmico apoyado por cálida voz.

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