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ZIMMER ES CONCIERTO (Y II)

08/04/2019 | Por: Conrado Xalabarder | 1 comentario
CRONICAS

Acceder a la primera parte

En el cine yo no hago música de concierto, trato de construir el relato paralelo que propone el director. Pienso que el propósito es ofrecer a la audiencia una experiencia, que llegue a sentir algo mientras les cuentas desde la música una historia, que es la de la película.

  • La gran fiesta

La segunda parte del concierto The World of Hans Zimmer - A Symphonic Celebration se abrió con la divertida y amable música de Madagascar (05), una puesta a punto para entrar en una suite de Spirit: Stallion of the Cimarron (02) muy bien seleccionada y que fue el primer momento del concierto donde aparentó haber una deliberada sincronía con las escenas del filme. Tras el énfasis llegó la placidez y la bella evocación de Kung Fu Panda (08), a la que siguió la que fue quizás la pieza más prescindible del concierto, The Holiday (06), una comedia sentimental que bajó el listón del concierto a su mínimo, e incluso lo llegó a estancar en parte. Teniendo en cuenta que Zimmer tiene obras mucho más interesantes en ese estilo, seguramente su inclusión fue para tributar a la directora Nancy Meyers.

O quizás sirviera para un pequeño reposo antes de lanzar el concierto en escalada ascendente hasta el final, pues tras esa olvidable música llegó Hannibal (00), una creación con la en su momento Zimmer acabó de completar lo que nos faltaba por conocer del personaje del sofisticado caníbal.

-Decidir si la música de un personaje está piel adentro o si se coloca en su exterior cambia por completo la manera en cómo se le entiende, le comento.

-Es la vulnerabilidad de Cómodo, el emperador, o del padre en Interstellar, donde la música explica cosas del personaje que ayudan al espectador a saber más de él, y en algunos casos a sentirse como él, explica.

-En Interstellar la música comienza en lo más íntimo, padre e hija, luego abarca a la familia y acaba como máxima expresión de generosidad cuando ella le dice a su padre que se la lleve a Brand. Esto no es solo poner música, es hacer cine con ella, insisto.

Para hacer The Lion King (04), que fue la siguiente del concierto, Zimmer ha explicado en varias ocasiones (y también en el vídeo de presentación en el concierto) que tuvo muy presente la pérdida de su propio padre, para volcarse en este trabajo desde una mirada de reconciliación y aceptación. Un bellísimo propósito que se plasmó, como es sabido, en una de sus mejores bandas sonoras y la que hasta la fecha le ha concedido su único Oscar. Fue un momento maravilloso del concierto.

De Gladiator (00) se interpretó una extensa suite de quince minutos muy bien dispuesta y con el lucimiento absoluto de Lisa Gerrard en su parte final, la eclosión del tema principal que en el filme es la celebración de la muerte tan deseada, la de Máximo, tras haber cumplido con su cometido de vengarse del pérfido Cómodo.

-Es un momento maravilloso porque los espectadores se están despidiendo no con tristeza sino con alegría de Máximo, le dejan partir para reunirse de nuevo con la mujer y el hijo a los que tanto ha amado, le digo a Zimmer

-La música es indefendible en sí misma. No puedes discutir sobre música: te gusta o no, te emociona o no. Pero si le das un propósito y un significado entonces sí logras que tenga un sentido para la película y para el espectador, defiende el compositor. Algo que Terrence Malick me insistía en The Thin Red Line es que las pregunta son más interesantes que las respuestas, y toda esa película plantea preguntas que nunca llegan a contestarse...

Inception (10) es otra de sus creaciones llena de interrogaciones que no se acaban de cerrar. En el concierto la orquesta fue acompañada por Zimmer tocando el piano en vídeo... hasta que el compositor apareció por vez primera en el escenario con un bajo eléctrico... ¡y vistiendo una camiseta de la gira de Ennio Morricone! Fue un momento sumamente emotivo que solo fue disfrutado en Barcelona, puesto que en Madrid Zimmer no estuvo presente.

Le pregunto a Zimmer por qué hay directores que no saben hablar con los compositores, que no saben cómo expresarse, que los atormentan y martillean con ideas imprecisas, vagas, o incluso banales. Me responde que hay de todo, que también hay compositores que no saben expresarse ni conversar con los directores. Pero tengo comprobado que una estupenda manera de hacerlo es llamar por teléfono y quedar para comer. En las comidas es donde se encuentran las mejores soluciones a los problemas.

El concierto fue cerrado con Zimmer dando las gracias a todos los participantes, y recibiendo una atronadora ovación por parte de las miles de personas congregadas en el Palau Sant Jordi. Como bis, un Pirates of the Caribbean: At Worlds End (07) que fue pura pirotecnia, y aunque quitó la intimidad y emotividad alcanzada con Inception, sirvió para acabar recordando que aunque Hans Zimmer es cineasta, también es concierto.

(fotos de Gorka Oteiza)

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Usuario: (Feisal) Isaac Duro Sánchez
Fecha de publicación: 09.04.2019
EL CONCIERTO DE HANS ZIMMER EN MADRID

En su espectáculo audiovisual/musical, Zimmer prometía espectáculo y espectáculo hubo, pero el evento ‘The World of Hans Zimmer’ resultó ser más que eso, y esa fue la mayor sorpresa de la noche. En un Pabellón WiZink Center de Madrid lleno a rebosar y, al igual que en Barcelona, bajo la batuta de Gavin Greenaway dirigiendo a la Orquesta del Teatro Bolshoi de Bielorrusia, el concierto fue una absoluta celebración de la carrera de Zimmer a lo largo de las décadas y su influencia tanto en el imaginario popular con sus trabajos más legendarios, como en el cine de Hollywood de las últimas décadas. Siendo mi primer concierto de este tipo, dedicado íntegramente a la figura de un compositor, lo que más me sorprendió del espectáculo no fue su fastuosa factura y el carácter poliédrico del mismo, dado que fue una absoluta celebración y comunión entre música, luces e imágenes para transmitir al público lo que ha supuesto Zimmer para el cine de los últimos 25 años. Para mí la gran sorpresa fue que, a pesar de lo espectacular del evento, hubo tiempo y espacio para que también apareciera el Zimmer cineasta, algo que quedó patente en las apariciones en vídeo de directores tales como Ron Howard o Nancy Meyers (lástima de su rota relación con Ridley Scott, su aparición para explicar ‘Gladiator’ con el músico hubiera sido apoteósica), quienes destacaron la ductilidad y polivalencia del alemán, y eso también quedó maravillosamente expuesto en el propio concierto.

Que se dedicara parte del concierto a suites dramáticas, oscuras y complejas como las de ‘The Da Vinci Code’ (que empezaba con el cautivador ‘Poisoned Chalice’ gracias a la voz de Katharina Melnikova) o ‘Hannibal’, quedando patente que Zimmer es más que sus potentes fanfarrias, su archiconocido estilo electrónico o sus temas populares, sino que lleva años adaptándose a cada director, cada género y cada argumento, moviéndose perfectamente en cualquier estilo, de ahí que las anteriores piezas mencionadas fueran una delicia sinfónica que llevó el espectáculo a otro nivel. Como lo hizo la inclusión de otro tema de un género en el que no se prodiga demasiado, como es la comedia. ‘The Holiday’ fue otra de las sorpresas, oportunidad para que su directora, Nancy Meyers, remarcara que el alemán también es capaz de crear excelente música para historias humanas que simplemente traten de relaciones entre personas corrientes (personalmente, aunque la melodía fue agradable de ver y escuchar, hubiera escogido otro tema del Zimmer comediante, como por ejemplo ‘The Matchstick Men’). Sin duda, uno de los aspectos que más me gustaron de todo el concierto. Del resto cabe añadir que fue un auténtico privilegio inolvidable poder ver en directo a Lisa Gerrard interpretar el archiconocido ‘Now We Are Free’ de ‘Gladiator’, alcanzar las máximas cotas de emoción con ‘The Lion King’ y hasta tener la suerte de que algunas de las piezas interpretadas fueran debilidades personales mías tales como ‘Rush’ o las mencionadas 'The Da Vinci Code' y ‘Hannibal’. Y de poder ver interpretar el famoso duduk gracias a Pedro Eustache, después de tantos años escuchándolo en tantas bandas sonoras, algo que me hacía cierta ilusión también. A falta de tener a Zimmer en persona con su guitarra en ristre, pudimos verle en vídeo interpretar el ‘Time’ de ‘Inception’ al piano acompañado por la orquesta en directo


Con el bis de ‘Pirates of the Caribbean: At World’s End’ se cerró un monumental homenaje a Zimmer y su trayectoria diversa, rica y variada. No se echó nada en falta, y aunque poder presenciar a ese nivel de orquestación, coros, imágenes y luces temas como los de ‘The Prince of Egypt’, ‘Crimson Tide’, ‘Batman v Superman’ o ‘Sherlock Holmes’ hubiera sido sencillamente impresionante, uno entiende que el espectáculo no puede durar tres horas, y es tal la riqueza y variedad, que no solo quedé más que satisfecho, sino que la celebración de la música de Zimmer y el recorrido por sus múltiples facetas y trabajos hacen la experiencia totalmente irrepetible.
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