Creación que aporta a la película una plácida sensación de calma y un decidido sentimiento nostálgico, que se corresponde con la personalidad del anciano personaje principal. Se sustenta en dos temas que conocen distintas variaciones a lo largo del metraje, ambos muy delicados, impregnados de cierta tristeza. Esta contención musical permite centrarse en lo que más interesa subrayar: la búsqueda de la verdad por parte del abuelo. Sin embargo, la película combina el trabajo del compositor con música clásica insertada de forma arbitraria y gratuita por el realizador, en especial un tema de Satie, tan reiteradamente empleado en el cine que aquí se antoja absolutamente innecesario y que, además, perjudica la música original, que es mucho más eficaz desde una perspectiva dramática y argumental. Esta edición incluye también la banda sonora de La herida luminosa (97).
