Una monja, enferma terminal, intenta reencontrarse con su padre, que no le habla desde hace años, y reconciliarlo con su madre, a la que es infiel.
La poquísima música que hay en la película se ubica básicamente en las secuencias del padre y su amante, y también en la parte final, en la secuencia entre la hija y el padre. El tono melódico es de una gran tristeza y melancolía, pero también de una delicada belleza, que otorgan a la película cierto sentido de réquiem por el personaje que está muriendo. Se acompaña con la banda sonora de El abuelo (98).