Imponente creación en la que el compositor aplicó el tipo de música que venía escribiendo para el género del cine negro (implacable, despiadada) y la entrelazó con una descripción melódica de la gran ciudad de Nueva York, con uno de los temas más hermosos de su carrera, una suite sinfónica titulada "The Song of a City". Se acompaña de las bandas sonoras de Lust for Life (56), Brute Force (46) y The Killers (46).
