Partitura en la que el compositor deambula entre lo lírico y lo agreste, con melodías ambientales que evocan tangencialmente el tipo de música que aplicara en algunos de sus westerns. Emplea para ello la harmónica, la guitarra eléctrica y la voz soprano de Edda Dell’Orso, así como otros instrumentos cuya sonoridad distorsiona o, al menos, emplea de modo agresivo, logrando establecer un entorno violento y obsesivo, en el que la variedad temática contribuye a aderezar lo confuso y caótico, en contraste con una perspectiva bucólica.

