Esta es una de las mejores partituras de cuantas escribió el compositor para el cine norteamericano previo a The Mission (86). Se trata de una creación de implacable fortaleza dramática, con un tema principal lírico de delicada belleza y tono melancólico, afligido, que es enfrentado a un temario violento y hostil, lo que hace que se realce el significado amargo de ese tema principal. Es una creación muy elaborada, sin concesiones.
