Para esta película, el compositor escribió un bello y sentido adagio que expresaba con emoción la tragedia y el dolor por la crueldad de la guerra y su devastador efecto sobre las personas. Pero el director antepuso otro adagio, el de cuerda de Samuel Barber, tan manido en el cine, y acabó por sustituir al que el compositor francés había escrito. Sobrevivieron otras melodías del autor, que recreaban la tensión y el miedo ante la muerte de manera contundente.
