Con esta banda sonora, el dodecafonismo de Arnold Schönberg llegó al cine, aquí con propósitos dramáticos, de enfatizar y subrayar el desorden y el caos emocional, psicológico y también argumental del filme. Un laberinto de atonalidades que finalmente sí tiene salida en la forma de un tema romántico, liberador, que pone orden a una perturbación muy bien explicada desde la música.
