Algo extraño está sucediendo en Netflix con respecto a las bandas sonoras de las películas españolas que ellos producen, y es que por alguna razón que habrá que intentar averiguar no editan ni parecen facilitar que puedan ser editadas con otros sellos que me consta estarían interesados. Sabemos que las bandas sonoras españolas no son negocio, pero es que tampoco supondrían coste si Netflix tuviera a bien dar luz verde a que las editasen otros, o los propios compositores, sin coste alguno para la empresa. Sin embargo, son bastantes las bandas sonoras extranjeras de Netflix que salen al mercado bien bajo su sello Maisie o con otras discográficas (Milan, Sony, Lakeshore...), pero ninguna española.
El pasado noviembre Iván M. Lacámara nos dio algunas pistas de los problemas que estaba teniendo con la exitosa serie La casa de Papel (artículo: ¿Por qué no existe la banda sonora de La casa de papel?). Lamentablemente no es un caso único pero sí muy bizarro, porque algunos de los vídeos que el propio compositor sube por su cuenta a su canal de YouTube con músicas de la serie superan el millón (1.000.000) de visitas. Ninguna o casi ninguna de las bandas sonoras extranjeras de Netflix editadas comercialmente alcanzarían ni se acercarían a esas cifras. Y pese a esta incontestable evidencia no hay luz verde para que las bandas sonoras de la serie (o siquiera una compilación que reuna lo mejor de cada temporada) puedan ser editadas. Algo extraño pasa, y me temo que no precisamente bueno. Lo de Lacámara, como indico, no es único: El Páramo ha sido un espectacular éxito de audiencia y de la hermosa música de Diego Navarro no se sabe nada, ni siendo evidente que tendría mucho más tirón que no pocas de las extranjeras sí editadas. Hoy se estrena Las niñas de cristal, una exquisitez de Iván Palomares que en justicia figurará entre las nominadas a los próximos Goya y que en justicia debería estar en todas las tiendas y plataformas para ser admirada. Pero nada se sabe de ella, ni de ninguno (ninguno) de los trabajos para Netflix de compositores españoles: Lucas Vidal, Vanessa Garde, Julio de la Rosa, Federico Jusid, Sergio Moure... De esta maldición se libran, claro, las películas o series que Netflix distribuye pero no produce o incluso alguna que co-produce. En aquellas donde tiene el control y puede poner condiciones, parece como si fuera deliberado el vetar cualquier opción de permitir la edición de la banda sonora.
Es muy extraño que esto ocurra aquí y los compositores no tengan estos problemas en Francia, Reino Unido o Estados Unidos. Y es terriblemente injusto y dañino: una buena música puede ayudar a vender y prestigiar muchísimo su película. No es tanto una cuestión comercial sino de marca, de prestigio y de promoción. Si se escuchara en radios, televisión, etc músicas tan hermosas como la de Palomares, la de Navarro, la de tantos compositores, si se difundieran nacional pero también internacionalmente, solo podría derivar en una cosa: beneficio para todos, en primer lugar la película, pero también Netflix. ¿Qué se gana impidiéndolo? Es como tirarse piedras al propio tejado. No quiero suponer que no permitan editarlas porque pretendan reutilizarlas sin pago en otras producciones propias, tal y como se sugiere en el libro de Stephan Eicke respecto a lo que se está cociendo en Hollywood. Sea lo que sea, es algo que pretendo averiguar.