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LO FUNDAMENTAL ES NO CALLAR

05/11/2021 | Por: Conrado Xalabarder

La gente se llevaría las manos a la cabeza si supiera el sinfin de barbaridades, estupideces y sinsentidos que los compositores han de soportar y sufrir por parte de algunos directores, productores, ejecutivos... en estos 20 años de MundoBSO, e incluso desde antes, he sabido de tantas burradas que me darían como para publicar un libro que avergonzara por completo a la profesión, y no la de los compositores precisamente. Pero yo debo callar y siempre callaré todo aquello que se me haya explicado en confidencia: los compositores son uno de los eslabones más frágiles de la cadena de creación de una película y sobre su oficio parece que todo el mundo -especialmente los más lerdos e ignorantes- tiene opinión y, lo que es peor, quiere ejercer su imposición. Siempre he defendido que el compositor tiene la obligación de conocer el medio cinematográfico, no ser solo compositor sino cineasta, y he sido muy duro con quienes no respetan el arte al que sirven, que es el cine. No han sido muchos, pero sí algunos. Y de ahí mi máxima tantas veces repetida de el compositor que no propone, es el compositor que obedece (aunque en verdad incluso proponiendo a veces se deba obedecer). Pero también hay una máxima lamentablemente cierta, y es la de el compositor que protesta, no trabaja.

No estoy generalizando, en absoluto: hay afortunadamente estupendas experiencias, directores inteligentes y hasta productores tolerantes, con los que los compositores trabajan bien o razonablemente bien. Pero en otros -demasiados- casos la profesión carga con una presión que debería ser del todo evitable si quienes tratan profesionalmente con ellos conocieran lo muchísimo que pueden aportar en beneficio de las películas. Citaré dos ejemplos, que no comprometen a nadie por razones que ahora no explicaré: el productor que detiene una grabación y exige no quiero un acordeón en mi película, me recuerda el circo y a mí no me gusta el circo, es directamente un imbécil, ese acordeón resolvía muchísimo sobre un personaje y, en plena grabación, es difícil no enloquecer buscando una alternativa que no fastidie la película. Si el compositor protesta, incluso si pretende defender educadamente la presencia de ese traumático instrumento, es posible que el productor no lo quiera ver en ninguna otra película suya. Al instrumento y al compositor.

Otro ejemplo, y este no lo sabe ni el compositor: un productor me comenta que en la película X -que está en fase de producción- hay mucha música y está pensando en quitar parte de ella y poner canciones. Sin motivo aparente, simplemente no le gusta que en su película haya tanta música. Le es completamente indiferente (o es completamente desconocedor) de lo mucho que esta música aporta dramática y narrativamente: se la quiere cargar y poner canciones. Le explico lo que es obvio, aunque creo que no me hace ni caso. Pero finalmente la película se queda con la música y sin canciones: hay directores inteligentes como hay productores que uno no se explica cómo es que trabajan en el cine. Por no mencionar a los directores o productores que creen que el compositor es un mero parcheador, o un gondolero, y le van señalando qué música poner escena por escena. Lo del arco dramático y el guion musical les suena a chino, claro: en esta escena algo romántico, en esta otra mucha tristeza, allá furia y en aquella que me divierta. Si se les menta lo de la estructura temática, lo de temas centrales y desarrollo... lo ven demasiado espeso, demasiado intelectual... esta gente manda pero no tiene ni la más remota idea de lo que es la música de cine.

No generalizo, insisto, pero esto existe y está demasiado extendido, en determinados aspectos casi a nivel pandémico. Stephan Eicke explicó mucho de ello en su fenomenal libro The Struggle Behind the Soundtrack, al que en MundoBSO he dedicado ¡nada menos que 13 artículos! (el primero, aquí) y mucho me temo que en España solo en MundoBSO abordamos estas miserias, debiendo como debemos guardar nombres y no revelar quienes son los que generan daño y quienes son los que lo sufren. Como reza el dicho, podemos decir el pecado pero no el pecador. Pues en la medida de nuestras posibilidades y sin que comprometa a los damnificados (que, insisto, están siempre en posición muy delicada) seguiré ventilando cuantos pecados pueda, como lo he venido haciendo durante estos 20 años de MundoBSO. Lo fundamental es no callar.

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