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Editoriales

20/09/2019
Conrado Xalabarder

CAMBIAR LA TELE POR EL CINE

Hoy se estrena Downton Abbey, una película en la que John Lunn fracasa allá donde, como serie televisiva, logró enorme éxito y prestigio, con dos premios Emmy incluídos. Pero su música no funciona cuando el relato se ha llevado a la pantalla grande. Hay incontables ejemplos de series televisivas con fantásticas músicas que, cuando han sido llevadas al cine, han dado lugar a interesantes cuando no ejemplares bandas sonoras. ¿Por qué no con Downton Abbey?

Si se compone para el cine se ha de pensar en lenguaje cinematográfico. Basta con recordar las distintas películas derivadas de Mission: Impossible (66) o de Star Trek (66) para encontrar no pocos ejemplos de estupendas bandas sonoras, todas con un denominador común: mantener el ADN pero con entidad y estructura cinematográfica y no televisiva. No sucede en Downton Abbey y de haber sucedido, por la categoría de su compositor, podría haber sido una de las mejores y más distinguidas creaciones del año.

Es cierto que la música escrita para el medio televisivo mantiene un estrecho vínculo con la del cine y que no hay grandes diferencias en los modos narrativos de la música escrita para el cine con respecto a la de un telefilme, pero sí las hay en lo referente a las series. Sobre este asunto ya escribí un artículo en el Ágora titulado Músicas grandes para pantallas pequeñas, al que me remito, pero aquí incidiré en que hay cosas que son tolerables en la televisión pero resultan muy aparatosas en el cine, como el repetir sin ton ni son un tema musical simplemente porque es la bandera melódica de la serie y porque es una buena melodía, pero sin ninguna razón dramática o narrativa, solo estética. En televisión se ha de confiar en la fidelidad de la audiencia y esperar que en la semana que media entre capítulos -como es el caso de esta serie- no se olviden de ella. Y ahí entra en el juego el uso del tema principal, que a lo largo de una serie puede escucharse inamovible decenas de veces. Pero el cine es otra cosa, el espectador no puede cambiar de canal y la experiencia de ver el filme es única. Y sin embargo si la música es televisiva y no cinematográfica, no hay experiencia única alguna sino la sensación de ver un capítulo más de las serie. Podría ser válido para sus seguidores, ¿pero qué aporta a los que no lo son sino cine mal hecho?

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